La muestra, perteneciente a la Fundación CajaCanarias, recorre El Hierro con motivo del 17 aniversario de la declaración de la isla como la Reserva de la Biosfera  

La Avenida de La Restinga, en El Pinar de El Hierro, acoge hasta el próximo lunes, 13 de febrero, la exposición Telesforo Bravo, la mirada de la Tierra.

Esta muestra itinerante recorre El Hierro con motivo de la celebración del 17 aniversario de la declaración de la isla como Reserva de la Biosfera y puede contemplarse gracias a la Fundación CajaCanarias, en colaboración con la Fundación Telesforo Bravo – Juan Coello.

La exhibición, integrada por 30 paneles de gran formato (1,50×1 metro), recoge fotos y textos del recordado geólogo y naturalista canario. A partir de las fotos y textos de Telesforo Bravo, procedentes de su archivo, este proyecto expositivo recorre, desde finales de la década de 1930 y hasta el año 1999, su vida, sus viajes, su peculiar mirada sobre los distintos rincones de las Islas Canarias, paisajes, fenómenos geológicos, hallazgos arqueológicos, así como sobre sus compañeros de andanzas o sobre escenas cotidianas propias del mundo rural y pesquero del Archipiélago canario.

Telesforo Bravo

Telesforo Bravo estudió bachillerato de Ciencias en el Instituto de Canarias de La Laguna y, posteriormente, Magisterio en la Escuela Normal de La Laguna. En 1938, durante la Guerra Civil, fue destinado al frente de Madrid y allí permaneció hasta el final de la guerra en 1939. En 1946 se trasladó nuevamente a Madrid para estudiar Ciencias Naturales y acabó especializándose en Geología e Hidrología. Un año después volvió al Archipiélago y ocupó el cargo de asesor científico en El Museo Canario de Gran Canaria. Poco más tarde, una empresa estadounidense le ofreció un contrato de geólogo en Irán, donde permaneció hasta 1959, haciendo el estudio geológico de más de 800 km de carreteras y la localización de canteras de gravas y arenas, así como los estudios geológicos para la construcción de muelles en lagos.

Desde su vuelta a Canarias, y durante 23 años, trasmitió en las aulas de la Universidad de La Laguna su entusiasmo por la naturaleza y fue reclamado por casi todas las comunidades de aguas de las Islas Canarias, encargadas de gestionar galerías y pozos, por su reputación como hidrogeólogo, siendo su nombre garantía de alumbramiento de agua. Ya jubilado, realizó multitud de viajes por Canarias, Azores y Cabo Verde, para la enseñanza de las Ciencias, donde impartió su magisterio a muchísimos profesores de enseñanza secundaria.

Bravo realizó en el Archipiélago sus investigaciones hidrogeológicas más amplias. Una de sus teorías geológicas más importantes fue la de los deslizamientos gravitacionales. Bravo concluyó que en Tenerife había, hace 150.000 años, un edificio con una gran cúpula central que se derrumbó, formando los valles de La Orotava, Güímar y La Guancha-Icod. Asimismo, varias especies animales y vegetales llevan su nombre a modo de homenaje. El sendero más alto de España, que recorre el Pilón o Pan de Azúcar del Teide y termina en su cima, a 3.718 metros, se llama Telesforo Bravo en su honor.

Como sabio humanista, Telesforo Bravo sabía que en la tierra todo está interconectado. Su curiosidad lo hizo trascender el campo de sus investigaciones geológicas para aventurarse en el conocimiento de la arqueología, la paleontología, la vulcanología y la botánica. Nunca supo ponerle puertas al campo del saber. Le excitaba por igual el diálogo con el científico y con el hombre del campo, y creía que en ambos podía hallar la raíz de la sabiduría. A fin de cuentas, a la ciencia solo le corresponde hacer las preguntas pertinentes, puesto que las respuestas ya están en la naturaleza.

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